domingo, 15 de mayo de 2011

Golpe de Fe.

Hola otra vez, después de tanto tiempo. ¿Quién iba a decir que tendría nueve seguidores? Qué locura, tratándose de mí. Es como cuando comencé a publicar fics en Fanfiction: Recibí mi primer comentario y me puse a saltar en una pata como si fuera una posesa. Literalmente. Estaba saltando. No recuerdo si en un pie, pero sí brincando como un potrillo.
A lo que voy.
¿Recuerdan las pascuas? ¿La fiesta por la resurrección de Jesucristo? Me estoy poniendo religiosa. Y no es mi tipo, que lo sepan: Soy escéptica por principio. Ya saben, la típica: Ver para creer.
Así que no crean que esto es un blog religioso, pero me permito hablar de esto ahora porque hace rato que quiero hacerlo.
Bueno.
En la capillita cerca de mi casa, el grupo de jóvenes, niños de catecismo y de boyscouts, adultos de la iglesia y demás hicieron una pequeña obra representando toda la pasión de Cristo.
Miren, yo estaba atareada con trabajos prácticos de entrega inminente. Necesitaba terminarlos y no tenía la menor gana de ir. Pero no podía decirle a mi madre que tenía que entregar un trabajo y todavía a las siete de la tarde no lo había terminado, por lo que me puse mi campera más abrigada y salí con ellos, pensando en si la profesora me castigaría o no.
Llegamos a la iglesia chiquitita de barrio. Había unos bancos largos y precarios en el patio de tierra polvorosa, en frente del playón. Había muy poca gente. me senté, y procuré que el viento frío no se me colara por los recovecos que pudiera tener la campera.
Fue curioso, en verdad. Y digo curioso para no decir extraordinario, y para que ustedes, los escépticos que puedan llegar a leer esto, no digan que estoy siendo "influenciada por las convenientes casualidades". Cuando pusieron la música introductoria y el hombre empezó a narrar la historia, se levantó un viento suave y frío que nos alborotó a todos el pelo y nos puso la carne de gallina.
Creo que no me estoy explicando bien. Tal vez no le estoy haciendo justicia. Pero puedo decir que fue una sensación increíble, e incluso la que se auto proclama escéptica pudo mirar hacia arriba y decir: "¿Estás aquí?"
La obra transcurrió con una hermosura increíble. Me pareció...increíble (Perdonen mi falta de sinónimos)como con tan poco podían hacer tanto. Un par de luces, unas telas pintadas que representaban escenarios de fondo. Unas coreografías de folclore, unos trajes sencillos, pocos autores hombres.
Creo que la que se llevó el premio principal fue la mujer que actuó de Virgen María. Con una canción estremecedora y profundamente conmovedora, consiguió calarme hasta lo más hondo, al punto de hacerme saltar las lágrimas, las cuales aparté.
Pero, sin embargo, no estoy escribiendo sobre esto para hacer publicidad a mi capillita, ya que ni siquiera pienso decir su nombre, su ubicación ni nada. El anonimato es dulce. Además, que el anonimato en internet es muy seguro.
A lo que iba: en la parte en que estaban "colgando" a Jesús (Fue la verdad muy ingenioso), una mujer que es parte de la iglesia nos alcanzó unas velas envueltas en crepé violeta para que las pasásemos a la multitud (Pequeñita pequeñita, pero le diremos multitud).
Bueno. Al final, cuando salen todos con Jesucristo resucitado, traían unas velas en las manos. Comenzaron a encendérnoslas, con sus mismas velas todos los actores de la obrita tan linda que habíamos presenciado. Uno de ellos, que está en la iglesia desde que yo cursaba el catecismo de niña, encendió la mía.
Era interesante cómo se me apagaba una y otra vez. Interesante y frustrante, porque la de mi hermana, pese al viento, tenía una llama fuerte y gruesa, considerable y brillante. La mía se extinguía una y otra vez.
Y entonces sucedió lo que me gusta llamar desde entonces, "Golpe de fe". O como me parece apropiado llamarlo ahora que tuve que buscar un título para este artículo.
Pensé en Dios. Miré con fuerza mi vela, que acababan de encender otra vez, y pensé, como si estuviera en la película de Peter Pan, pero en vez de en hadas, en el mismo Dios: "Creo. Creo en Dios. Creo."
Mi llama creció.

No estoy mintiendo, lo juro, entre más me concentraba y pensaba en Dios más fuerte se hacía la luz de mi vela; Y en cuanto me distraía siquiera un poco, comenzaba a flaquear. El viento estaba fuerte, fuertísimo. Las velas de las personas se apagaban, las tenían que cubrir con la mano para mantener la llamita.
Alejé la mano de la mía, pensé con fe, creyendo sinceramente. La luz creció con una velocidad tan verteginosa que me llenó de alegría.
Es verdad, y les digo, se los dice una escéptica. No creo en seres sobrenaturales, a gatas me comprometo en cosas así durante el tiempo que estoy leyendo una novela, o mientras me atenaza el miedo por culpa de una buena película de suspense-terror.
La fe es luz. Mi fe era la luz de esa vela. Dios, estoy sonando tan religiosa. Así que ahí viene la advertencia:
Cree en lo que quieras. No tenés por qué creer en mi religión, en la budista, evangelista o musulmana. Pero creé en algo. Hace bien. Me di cuenta que es muy hermoso poder decir que uno cree algo. Me cansé de dudar. De dudar de todo, suficiente desconfianza tengo en el mundo. Suficiente desconfío de los desconocidos, de los políticos, de las promesas. Quiero confiar en algo que quiero creer no puede fallar.
No es tan malo tener fe en algo.
Tengo fe en Dios.
Vos, ¿En qué tenés fe?

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1 comentario:

  1. Quizás un poco tarde para comentar, pero no había visto esta publicación tuya. Amé tu relato, y amé que te sucediera eso, porque no hay nada mejor que esa sensación de creer, de tener fe =D

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